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miércoles, 2 de septiembre de 2009

Avances y desavances

La huerta recibe visitantes (y los visitantes parecen poco impresionados con los resultados)












Las arvejas azules prosperaron (para luego morir la muerte de la arveja cuando hace mucho sol y cae poca lluvia)

Las semillas de coca germinaron y los palos de jazmín rojo traído de Hawai también echaron hoja (y no canto victoria para no salar las matas)

Los fríjoles extraños, unos cafés rojos en vainas rojas y unos grises en vainas verdes de medio metro de longitud, dieron su primera cosecha (y lástima no haber sembrado más)

Y el gallinero móvil arrancó con ayuda de Pinti, Felipe, José y Beatriz Helena, la escritora en residencia (pero no hay fotos)

lunes, 20 de julio de 2009

“lo mío no es mío si es solo mío, liberar y disolverme yo en el vacío” CT

Hace unas semanas en pleno taller de yoga en la finca tuve una revelación: las cenizas de los abuelos tienen que estar enterradas acá. Porque si yo me muero, pensaba, que me entierren en el jardín. Y entonces, si eso me parecía tan obvio, ¿por qué changos estaban ellos en un osario de una iglesia que nadie visita ni para funerales? La idea ya tiene dos votos importantes: el de mi mamá y el de mi hermano. Convencido mi tío y mis primos, se haría un osario (idea de mi mamá) en la capilla. También sería una buena excusa para reunir a toda la familia, incluidas las dos nuevas adquisiciones, Mariana y Helena, comer juntos y ver el paisaje.

Así que esa es una parte del plan; la otra es hacer el compost, armar huerta urbana y finalmente montar el gallinerito; hecho eso, y acabado el contrato de la BNC, planear una temporada acá y luego, pues luego.

Hoy recogí otra vuelta de tomates, y ya las noticias no son tan optimistas. Las primeras dos rondas salieron sanas, rojitas aunque un poco insípidas. Esta tercera ronda, de unos 10 tomates pequeños, pinta mal. Uno pequeñito y rojo estaba lleno de gusanos como los de la guayaba y el otro, verde y compacto, tenía un residente apetitoso para Pumba y nadie más. Quizás me vanaglorié mucho con mi tomatada. Además, me faltó continuar con el tratamiento de ortiga y hacer la receta mejorada que recomendó Andrés U.

Otra vez tocó sembrar la quinua pues lo que se transplantó no pelechó. El surtidor de agua no estaba cubriendo todas las esquinas de la huerta, entre ellas la esquinua. Las tres matitas de coca que trasplanté a unas bolsas individuales se ven igualitas a la semana pasada. En dos semanas, a la vuelta, sabré más, y seguro me pierda el punto perfecto de las arvejas azules, que ya están en flor y contrastan sus pétalos morados y fucsia intensos con el verde fresco de las hojas de la leguminosa y con las flores blancas de las arvejas vecinas. Otras ya tienen vainitas llenas de arvejas jugosas y muy dulces. Recogeré unas poquitas y el resto para Blanca y José.

Ah, también toca transplantar las lechugas, variedad Yugoslavian Red Butterhead (cortesía de Juliana G), sacar las que están ahí, que nunca pelecharon, abonar un poco, previa operación, y echarles la bendición. Esta huerta tiene mas fe que técnica. Pronto cambiara la relación.

lunes, 22 de junio de 2009

Alerta tomate



Los tomates siguen creciendo al parecer sanos y libres de toda mancha. Las arvejas y extraños frijolitos que llegaron de USA, cortesía de Juliana G, van creciendo como por tarea, al parecer contentos de la tierra que en suerte les tocó. El maíz que José sembró de contrabando floreció. Las mazorquitas vienen en camino, al parecer, libres del cochino gusano trozador.

(Fotos tomadas el 15 de junio por la mañana)

domingo, 17 de mayo de 2009

Los vegetales informan

Es mayo 17 y las noticias de la huerta vienen pintadas de alegre verde, flores que presagian más frutos y un nuevo vecindario vegetal. Las habichuelas, en su primerísimo vuelta, rindieron 1.5 kilos de largas, jugosas y dulces vainas. Falta aun mucho por recoger de solamente seis plantas, pues unas se alzan hasta dos metros de altura, coloreadas todavía con flores blancas de centro amarillo, mientras las más atrasadas auguran la extensión de la cosecha por muchas más semanas.



Mis tomates, José concedió, están mejores que los de él, menos altos y con más frutos. Se ven sanos (aunque aún no canto victoria) y muchos brotes peludos de flores delicadamente amarillas anuncian la venida de más tomates verdes y brillantes. Hoy repetí la dosis de ortiga y heliconia, pues al menos daño no han hecho.

El cilantro, José también concedió en este punto, está arbustoide, casi, y mejor que el suyo. Las plantas de alzan airosas y están tan llenas de flor que parece que no volveremos a comprar semilla. Al menos ese es el plan, poder tener un permanente parche de cilantro para la cocina.

Por otro lado, una tercera y nueva cama fue añadida hoy, con la invaluable ayuda de José. Después de una no muy prolongada sesión de azadón, armamos tres largas heras, donde sembramos las seis variedades de fríjoles y arvejas enviadas por Juliana desde NYC: Tall sugar snap pea, Big red ripper southern pea, Mammoth melting show pea, Blue capuchina pea, Green pod asparagus pea, Oregon sugar pod pea. Ojalá las plantas sean tan bellas como sus nombres. 

miércoles, 6 de mayo de 2009

El machete, la nueva herramienta terapéutica

La tarea era la siguiente: demarcar entre el pasto de corte, que colinda con mi huerta, la zona donde estarán las nuevas arvejas.

Pero antes de cortar el pasto elefante, colgar el tomate. La propuesta: usar palos de heliconia como soportes. Igual el tomate va a salir picho, lleno de gusanos y cosas imposibles de describir. Porque el tomate es así y el que no lo es, es porque viene cargado de mucho veneno. Hace dos años y también hace un año se dio de manera silvestre y espontánea una mata de tomate cherry espectacular. Los tomatitos crecían sanos y los recogimos en cantidades tal que hasta hicimos guiso de tomate cherry. La mata creció feliz entre un bosquecito de heliconias.

Además de usar los palos de heliconia, también hice picadillo algunas hojas y las puse alrededor. Para qué? No estoy muy segura, pero fue divertido cortarlas. Hechas esa tarea, pensé que tocaba experimentar con la otra hilera, la cual rodeé de matas de ortiga cortadas en picadillo que transporte con agarraderas hechas de hojas de plátano (también cortadas de un tajo limpio con el machete).

Con el corte del pasto arrancó la emoción pura y dura de mi acero filudo. Con derechazos y izquierdazos, estilo Agassi, empecé a mochar el territorio en el que sembraré la arveja. Cuchin!!! Chin!!! Y a cada sablazo caían las hojas de pasto desmayadas a mis pies, que recogí con abrazos de oso que, claramente, me dejaron los brazos llenos de cortes y rasquiñas.

Pero vuelvo al machete, que me recordó los días cuando con mi primo Santi nos armábamos de unas varas largas y flexibles de bambú y caminábamos por las carreteras destapadas y potreros, boliando vara, azotando hierbas que caían derrotadas con los zumbidos de nuestras armas. Santiago en esa época era un adolescente en pleno desarrollo, cargado de rabia y frustración joven. Quizás el ejercicio le significaba mucho más que a mí, niña feliz de haber descubierto un pasatiempo sanamente destructivo del mismo orden que fumar varitas de helecho (ese sí lo descubrí yo).

El machete tuvo la función que ayer tuvo subir a pie a la finca vecina y bajar corriendo en la oscuridad, las flexiones de mis calistenias matutinas, las conversaciones con los perros y hasta la berreada al son de Magnolia, la película de PT Anderson: tontos desfogues de dudas mil. 


Nota importante: la habichuela ya casi da cosecha y crece y crece!!!

lunes, 13 de abril de 2009

tomates, de la nevera a la tierra


En un lugar  leí que frente a una cultura global y unificadora tocaba aplicar una ética local como forma de resistencia al consumismo. O eso me inventé después de leer algo en algún lado, excelente justificación para mi proyecto de huerta, que nació de una humilde epifanía en un seminario de marxismo en McGill. Y la revelación iba más o menos así:

Mi nevera à Carulla à tomates à sembrado de tomates à ¿Cómo es una mata de tomate, mi fruta-verdura favorita, la más fumigada, pervertida y sospechosamente roja y lozana fruta-verdura?

Seis meses después descubrí que el tomate orgánico, al menos en mis manos, no iba a pasar de ser una linda fantasía gracias a los bichos de la finca.

Pero soy terca, y otra vez hay pequeñitas hojas de tomate (que son alargadas, con un corte zig-zag como la hoja de la marihuana, el tallo es morado y peludo y el olor astringente) en la huerta.

También transplanté algunas lechugas (las otras las transplantó José) (otras Julio, amigo y voluntario de la huerta del fin de semana), colgué las habichuelas y arvejas que crecen con enjundia y bravura y putié a la Chanda que entre ladridos y batidas de cola pisoteó la zona de lechugas y de milagro no aplastó ni uno de las plántulas, que son como filamentos que se alzan casi transparentes y buscan el sol con un par de hojas ovaladas.

Otra buena noticia para la huerta: recibiré de Nueva York, vía mi amiga Juliana un cargamento de semillas de arveja. Cinco o seis variedades de nombres suculentos: sugar snap, oregon giant, blue-podded, asparagus, una de vaina roja y alargada y otra que el nombre rima con Behemoth. Maravilla.